El entrenamiento del comportamiento ético
La educación ética, enriquecida por las lecciones de la vida diaria, es el mejor camino para forjarla de manera inquebrantable

En un mundo donde las dualidades a menudo se desvanecen, es un enigma encontrar individuos cuyo sentido de ética varíe radicalmente entre las facetas personales y profesionales de sus vidas. La línea que separa cómo respondemos a los dilemas éticos en el trabajo y fuera de él tiende a difuminarse.
Esta compleja interconexión resalta la influencia del cumplimiento de las normas éticas en todas las esferas, y cómo las transgresiones pueden establecer un ciclo que comienza con pequeñas infracciones, evolucionado por lo general hacia algo más abrumador. Es importante nunca hacer de menos, siempre tenemos que tener presente cómo los incumplimientos, incluso los más pequeños, pueden dar paso a una espiral de conducta contraria a la ética con enormes proporciones.
Cuando las normas y estándares éticos no se internalizan de manera genuina, es fácil que surjan comportamientos opuestos a ellos de manera espontánea, a menudo sin la conciencia de obrar incorrectamente. Los incumplimientos, ya sean normativos o éticos, tienden a generar un efecto de piramidal. Es raro encontrar casos donde una infracción significativa sea la primera en ocurrir, al contrario esta sucede cuando han pasa una o varias de menor relevancia.
En este panorama, la figura del Compliance Officer emerge como una defensora de la ética e integridad corporativa de la organización. Su influencia para prevenir males mayores no comienza cuando se suceden los incumplimientos evidentes, sino mucho antes, en los primeros indicios de desviación, aquí es donde se necesita de un gran talento de observación minuciosa.
Recordemos que no solo posee el poder de frenar actitudes inapropiadas en una etapa temprana, sino que su propio comportamiento es un guía para toda la organización. Su autoridad moral, fundamentada en acciones consistentes, es crucial. Aunque la jerarquía puede obligar a obedecer, es la integridad y la coherencia las que generan una influencia duradera, es por ellos que como Compliance Officer el comportamiento integro debe ser dentro y fuera de las organizaciones, pregonando con el ejemplo.
El comportamiento ético puede ser cultivado a lo largo de la vida, en cada experiencia cotidiana se encuentra un aprendizaje, ya sea manejar un vehículo de manera responsable o devolver un cambio en exceso, es una oportunidad para ejercitar la ética, siempre buscando ser “inconscientemente ético”. Sin embargo, cuando dejamos de notar estos detalles, la insensibilidad se arraiga y la tolerancia hacia conductas análogas aumenta. Este fenómeno no solo socava la integridad individual, sino que también establece el terreno para futuras conductas negativas.
En resumen, el complejo tejido que une la ética personal y profesional presenta desafíos y oportunidades únicas, para todos los individuos. Los incumplimientos menores pueden desencadenar en conductas graves contrarias a la ética de la organización. En este camino, el Compliance Officer asume un papel central al detectar y prevenir desviaciones incipientes, con la conciencia de que esta previniendo futuras conductas más dañinas. Recordemos, la educación ética, enriquecida por las lecciones de la vida diaria, es el mejor camino para forjarla de manera inquebrantable.


Sobre el autor
Mtro. Adrián Alfonso Paredes Santana
Licenciado en Contaduría Pública y Abogado por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Impuestos por Instituto de Especialización para Ejecutivos (IEE), Socio de las firmas PVE Consultores y ASMX Solutions
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