Alinear incentivos sin convertir el corto plazo en la estrategia
La remuneración ejecutiva debe vincular desempeño, estrategia y riesgos mediante criterios verificables. Un esquema mal diseñado puede premiar resultados inmediatos mientras deteriora valor, controles y sostenibilidad empresarial futura.

La remuneración de los principales ejecutivos constituye una herramienta de gobierno corporativo porque influye directamente sobre prioridades, conductas y decisiones. Un esquema aparentemente sofisticado puede generar efectos contrarios a los pretendidos si recompensa crecimiento sin considerar rentabilidad, ventas sin cobranza, adquisiciones sin creación de valor o utilidades sin atender los riesgos asumidos para obtenerlas. La discusión, por tanto, no debería concentrarse exclusivamente en determinar cuánto pagar, sino en comprender qué comportamiento está incentivando la estructura elegida. El consejo debe procurar que la compensación sea suficientemente competitiva para atraer y conservar talento, pero también coherente con la estrategia, capacidad financiera, perfil de riesgos y horizonte económico de la organización.
El desafío aumenta porque ninguna métrica representa por sí sola el desempeño empresarial. Utilidad, flujo, crecimiento, participación de mercado, retorno sobre capital o creación de valor pueden ofrecer perspectivas diferentes. A ello deben agregarse elementos cualitativos relacionados con liderazgo, sucesión, controles, cumplimiento y ejecución estratégica. Un buen sistema no busca encontrar la fórmula perfecta, sino reducir la posibilidad de que una persona pueda maximizar su remuneración tomando decisiones contrarias al interés de largo plazo de la sociedad.
La compensación debe comenzar por la estrategia
Antes de establecer porcentajes y bonos, el consejo debería determinar qué resultados necesita promover. Una empresa en expansión puede privilegiar crecimiento rentable; otra altamente apalancada puede necesitar generación de efectivo y reducción de deuda. Una organización en transformación quizá requiera objetivos relacionados con ejecución de proyectos, talento o digitalización.
Cuando la estrategia cambia y la remuneración permanece igual, los incentivos pueden conducir a los ejecutivos hacia prioridades que dejaron de ser relevantes. Por ello, el diseño debe revisarse periódicamente y guardar conexión explícita con los objetivos aprobados para la organización.
El salario fijo cumple una función distinta del incentivo
La remuneración fija compensa responsabilidades, experiencia y complejidad del puesto; el componente variable busca relacionar parte de la compensación con desempeño. Una proporción excesivamente variable puede aumentar conductas de riesgo, mientras una estructura prácticamente fija puede disminuir la capacidad para diferenciar resultados extraordinarios de desempeños insuficientes.
No existe una combinación universal. La proporción apropiada depende del puesto, sector, etapa empresarial y capacidad real del ejecutivo para influir sobre las métricas utilizadas. El diseño debe responder a la lógica económica de la posición y no únicamente a prácticas observadas en otras compañías.
Las métricas financieras necesitan equilibrio
Utilizar ingresos como indicador único puede incentivar ventas poco rentables. Utilizar utilidad puede promover reducciones de inversión necesarias para el futuro. Concentrarse exclusivamente en flujo puede desalentar proyectos estratégicos con retornos de mayor plazo.
Combinar métricas puede reducir estas distorsiones, siempre que el sistema continúe siendo comprensible. Incorporar demasiados indicadores produce el problema contrario: nadie sabe realmente qué conducta está siendo premiada. El ejecutivo debería poder explicar con claridad cómo sus decisiones afectan los principales componentes de su compensación.
Los indicadores no financieros también generan valor
Seguridad, satisfacción de clientes, desarrollo de talento, cumplimiento de proyectos o calidad operativa pueden anticipar resultados económicos futuros. Incorporarlos puede ayudar a equilibrar la presión por cifras inmediatas.
La remuneración no solamente recompensa resultados: también comunica qué conductas, decisiones y horizontes de tiempo considera verdaderamente importantes la organización.
Sin embargo, las métricas cualitativas necesitan criterios suficientemente objetivos. Un bono importante basado en conceptos vagos como “liderazgo” o “contribución estratégica” puede terminar dependiendo exclusivamente de apreciaciones subjetivas. Cuando se utilicen estos elementos, conviene definir previamente qué evidencia será considerada.
Los umbrales deben evitar premios por desempeño ordinario
Un incentivo pierde capacidad diferenciadora cuando prácticamente cualquier resultado produce un bono significativo. Los niveles mínimo, objetivo y superior deben establecerse conforme a expectativas razonables y dificultad real.
También conviene analizar qué ocurre entre esos puntos. Saltos abruptos pueden incentivar decisiones destinadas a superar apenas un umbral al cierre del periodo. Las curvas graduales reducen la posibilidad de que una diferencia marginal produzca consecuencias económicas desproporcionadas para el ejecutivo.
El presupuesto no debe manipularse para facilitar el bono
Cuando la remuneración depende del cumplimiento presupuestal, quienes participan en la elaboración del presupuesto pueden tener incentivos para establecer objetivos conservadores. Este fenómeno convierte la planeación en una negociación sobre compensación en lugar de una estimación razonable del desempeño esperado.
El consejo debe comprender los supuestos y compararlos con tendencias, estrategia y capacidad del negocio. Un objetivo debe ser exigente pero alcanzable; establecer metas imposibles desmotiva, mientras aprobar metas deliberadamente sencillas convierte el bono en remuneración prácticamente garantizada.
El largo plazo necesita mecanismos específicos
Determinadas decisiones producen efectos durante varios ejercicios. Expansiones, adquisiciones, desarrollo de talento, tecnología o posicionamiento comercial pueden requerir años antes de demostrar resultados. Si toda la remuneración variable se liquida anualmente, el horizonte del ejecutivo puede terminar siendo considerablemente más corto que el de los accionistas.
Los incentivos de largo plazo permiten diferir parte de la recompensa y relacionarla con resultados sostenidos. Su estructura dependerá de la naturaleza y régimen de la sociedad. En empresas no listadas pueden utilizarse bonos diferidos, planes vinculados al valor de la empresa u otros mecanismos compatibles con su marco jurídico y fiscal.
El riesgo debe formar parte de la ecuación
Dos ejecutivos pueden producir el mismo resultado económico asumiendo niveles de riesgo completamente diferentes. Si el sistema observa únicamente el resultado, ambos recibirán idéntica recompensa aunque uno haya comprometido significativamente la estabilidad futura.
El consejo debería considerar si existen mecanismos para ajustar la remuneración frente a riesgos, incumplimientos o deterioros posteriores. No necesariamente se requiere una fórmula matemática compleja. Lo esencial es evitar que una ganancia obtenida mediante controles deficientes o exposiciones excesivas sea tratada como desempeño ejemplar.
Cumplimiento y resultados no pueden separarse
Un ejecutivo que alcanza extraordinariamente sus metas mediante conductas contrarias a políticas, controles o disposiciones aplicables no debería ser considerado un caso de desempeño exitoso. El “cómo” importa tanto como el “cuánto”.
La organización puede establecer condiciones que reduzcan o eliminen incentivos ante incumplimientos relevantes, atendiendo al marco contractual y jurídico correspondiente. Esta coherencia envía una señal poderosa: alcanzar objetivos no concede autorización implícita para ignorar los medios utilizados.
Las facultades discrecionales deben tener límites
Ninguna fórmula puede anticipar todas las circunstancias. Acontecimientos extraordinarios pueden distorsionar resultados y justificar ajustes. Por ello, cierta discrecionalidad del órgano competente puede resultar útil.
Sin embargo, la discrecionalidad ilimitada puede destruir la credibilidad del sistema. Los criterios de ajuste deberían encontrarse definidos razonablemente y documentarse cuando sean utilizados. Modificar las reglas después de conocer el resultado únicamente para preservar un bono convierte el incentivo en una promesa desvinculada del desempeño.
Los comparables de mercado deben interpretarse cuidadosamente
Los estudios salariales ayudan a conocer prácticas externas, pero pueden generar una escalada automática cuando todas las empresas pretenden pagar por encima de la mediana. Además, comparar puestos con títulos semejantes puede resultar engañoso si tamaño, responsabilidades y complejidad son distintos.
El mercado constituye una referencia, no una decisión. El consejo debe considerar también equidad interna, capacidad financiera y desempeño individual. Pagar más porque otras empresas pagan más no constituye, por sí solo, una política de remuneración.
La remuneración del director general requiere especial independencia
El director general naturalmente puede proporcionar información sobre mercado, objetivos y estructura del equipo, pero no debería controlar la decisión sobre su propia compensación. El órgano competente debe conservar independencia suficiente para evaluar resultados y determinar condiciones.
La misma lógica se aplica cuando ejecutivos participan en decisiones sobre remuneraciones de personas con quienes mantienen relaciones jerárquicas o personales relevantes. Los conflictos deben identificarse y gestionarse conforme al régimen societario y políticas aplicables.
La empresa familiar presenta desafíos particulares
En organizaciones familiares puede existir confusión entre remuneración por trabajo, dividendos derivados de propiedad y beneficios otorgados por pertenencia a la familia. Mezclar estos conceptos dificulta evaluar desempeño y puede generar tensiones entre familiares que trabajan en la empresa y aquellos que solamente son accionistas.
Cuando el incentivo premia exclusivamente la cifra del ejercicio, el consejo puede estar financiando decisiones que mejoran el presente a costa del valor futuro de la empresa.
La remuneración ejecutiva debería responder primordialmente a responsabilidades y desempeño del puesto. El retorno sobre la propiedad debe tratarse mediante los mecanismos societarios correspondientes. Separar ambas dimensiones mejora transparencia y facilita la profesionalización.
La sucesión y la remuneración están conectadas
Una estructura extraordinariamente favorable para un director histórico puede ser imposible de reproducir con su sucesor; una remuneración insuficiente puede dificultar atraer al perfil que la estrategia requiere. El consejo debe considerar esta relación al planear continuidad directiva.
También resulta relevante la retención de otros ejecutivos durante una transición. Incentivos de permanencia pueden justificarse en circunstancias específicas, pero deben utilizarse selectivamente. Convertirlos en práctica recurrente puede terminar premiando simplemente que las personas no abandonen aquello que ya constituye su responsabilidad.
La transparencia interna reduce interpretaciones equivocadas
No toda empresa debe divulgar públicamente la remuneración individual de sus ejecutivos. El grado de revelación dependerá de su régimen jurídico y características. Sin embargo, dentro de los órganos responsables debe existir información suficiente para comprender estructura, costo, desempeño y condiciones.
Ocultar componentes mediante prestaciones, contratos paralelos o beneficios difíciles de identificar impide evaluar la compensación total. El análisis debe considerar el valor económico completo y no exclusivamente el salario nominal.
La LGSM y las competencias societarias
La Ley General de Sociedades Mercantiles (LGSM) contiene disposiciones relevantes respecto de la administración de la sociedad anónima en los artículos 142 y siguientes, así como reglas que deben considerarse para determinar competencias de asamblea, administradores y consejo conforme al caso concreto y a los estatutos sociales.
La LGSM no establece para toda sociedad anónima un modelo uniforme de remuneración ejecutiva basado en métricas de desempeño. Por ello, debe distinguirse entre las competencias y formalidades jurídicas para aprobar remuneraciones y los mecanismos de incentivos adoptados voluntariamente como parte del sistema de gobierno corporativo.
La LMV establece un marco particular cuando resulta aplicable
La Ley del Mercado de Valores (LMV) contiene disposiciones específicas para las sociedades comprendidas en sus regímenes respecto del consejo de administración, directivos relevantes y órganos intermedios. En las sociedades anónimas bursátiles, las funciones vinculadas con prácticas societarias proporcionan un marco especialmente relevante para analizar políticas y condiciones relacionadas con remuneraciones de determinados funcionarios.
Las competencias concretas deberán determinarse conforme a la LMV y regulación aplicable. Estas disposiciones no deben trasladarse automáticamente a sociedades ordinarias, aunque determinados principios de independencia, transparencia y alineación pueden adoptarse voluntariamente.
El Código y la compensación directiva
El Código de Principios y Mejores Prácticas de Gobierno Corporativo (Código) ofrece referencias útiles sobre la participación del consejo y de los órganos intermedios en materias relacionadas con evaluación y compensación del director general y funcionarios de alto nivel.
Su aplicación práctica debe concentrarse en asegurar que las políticas de remuneración sean congruentes con objetivos empresariales, responsabilidades y creación sostenible de valor. El Código sirve como referencia para estructurar el proceso, sin sustituir las competencias legales, estatutarias y contractuales aplicables.
El consejo debe evaluar el resultado antes de autorizar el pago
El cierre del ejercicio no debería convertir automáticamente una fórmula en una transferencia. Antes de aprobar los incentivos, conviene revisar la calidad del resultado, acontecimientos extraordinarios, riesgos asumidos y cualquier circunstancia relevante que pueda modificar su interpretación.
Esta revisión no debe utilizarse arbitrariamente para desconocer reglas previamente acordadas. Su propósito consiste en verificar que la aplicación mecánica de la fórmula no produzca un resultado manifiestamente contrario a la finalidad para la cual fue diseñada.
El verdadero indicador aparece después del pago
Algunos resultados aparentemente excelentes pueden revertirse posteriormente: clientes que no pagan, proyectos que generan pérdidas, contingencias ocultas o adquisiciones cuyo valor se deteriora. Cuando ello ocurre, el consejo debería analizar si el esquema incentivó indebidamente la decisión original.
La revisión periódica del sistema permite aprender de estos casos. La pregunta no debe limitarse a cuánto costó la compensación, sino a qué conductas produjo. Un incentivo es eficaz cuando orienta decisiones en la dirección pretendida; si genera comportamientos distintos, necesita rediseñarse.
La remuneración ejecutiva representa, en última instancia, una declaración económica sobre las prioridades de la organización. Los discursos pueden afirmar que importan sostenibilidad, controles, talento y largo plazo, pero el sistema de compensación revela aquello que realmente genera recompensa.
El mejor esquema de remuneración no es necesariamente el que paga menos ni el que ofrece mayores incentivos, sino aquel que consigue que el interés económico del ejecutivo se acerque razonablemente al interés de la sociedad. Cuando desempeño, riesgo y horizonte temporal permanecen alineados, la compensación deja de ser únicamente un costo y se convierte en una herramienta de gobierno corporativo.


Sobre el autor
Adrián Sachiel Paredes Cruz
Abogado por la Universidad de Guadalajara, socio del instituto CEDE para contadores y abogados
Sigue leyendo



