Jackelin Lemus Amador Estudiante de la Licenciatura de Derecho y Ciencias Jurídicas Fundadora y Coordinadora General en Educando por Sonrisas A.C Twitter: @lemus_jackelin

“El precio de la grandeza es la responsabilidad”.- Winston S. Churchill

Tanto para los emprendedores, como para los familiares o amigos que deciden iniciar un negocio, la constitución de una sociedad debe ser analizada de manera meticulosa, valorando aspectos jurídicos, económicos y sociales; pues con base a los elementos anteriores se podrá definir el tipo de sociedad que más se adapte a sus necesidades.

Durante décadas, una de las modalidades preferidas por los inversionistas para constituir sociedades, ha sido la figura de “Sociedad Anónima”, en gran parte, por su característica de responsabilidad limitada de los accionistas, en donde los socios sólo responden con el pago de las aportaciones que hacen al suscribir sus acciones, protegiendo así el patrimonio de cada uno de los involucrados.

Resulta lamentable ver como muchos socios o accionistas adoptan esta figura para llevar a cabo actos ilícitos, fraudes o incluso orillan a la empresa a una insolvencia económica, debilitando y consumando la compañía con fines egoístas e ilegales. Lo peor del asunto es que son acciones que se han perpetuado desde hace varios años.

Debido a los constantes abusos derivados de un mal ejercicio de responsabilidad por parte de los  accionistas, se creó el velo corporativo, el cual propone fincar responsabilidades a todas aquellas personas que se encuentran detrás de sociedades fraudulentas.

En México, tenemos un precedente en materia de regulación de sociedades; se trata de  “Ley que establece los Requisitos para la Venta al Público de Acciones de Sociedades Anónimas” (LERVPASA), misma que se promulgó en el Diario Oficial de la Federación en 1940.

Esta normativa –en su artículo 13– estipulaba que “las personas que controlen el funcionamiento de una sociedad anónima, ya sea que posean o no la mayoría de las acciones, tendrán obligación subsidiaria ilimitada frente a terceros, por los actos ilícitos imputables a la compañía”.

Si bien esta norma duró vigente por más de 40 años, durante ese lapso el Poder Judicial emitió tesis que complementaban la multicitada teoría, para lograr una mayor comprensión y certeza en los casos donde ésta tuviera aplicación.

De acuerdo a la Tesis Aislada  I.5o.C.72 C (10a.) “VELO CORPORATIVO. SU LEVANTAMIENTO ES DE APLICACIÓN RESTRICTIVA Y SUBSIDIARIA”[1] […] esta teoría ha sido diseñada precisamente con el propósito de facultar a la judicatura a prescindir de esta ficción del derecho, cuando la persona jurídica es una simple pantalla de protección de quienes, a través de ella, realizan actos de fraude civil en perjuicio de acreedores, o incumplimiento de obligaciones, derivadas de otra persona moral […].

Con estas atribuciones, la autoridad puede levantar el velo corporativo, corroborando o impidiendo los siguientes aspectos:

  • Frenar el abuso de los privilegios que gozan las personas jurídicas, evitando fraudes o simulaciones ante la ley.
  • Descubrir la responsabilidad de un ilícito, verificando que sea causa suficiente, necesaria y demostrada.
  • Probar la buena fe contractual y conocer la realidad societaria.
  • Garantizar a terceros y a los propios accionistas que existe independencia y autonomía,  y así permitir proteger su participación e intereses.

Es muy claro lo que se busca con la desestimación de la personalidad jurídica de la sociedad anónima en estos casos: se pretende aumentar la responsabilidad de los accionistas, a fin de repercutir en el patrimonio de uno o más socios para efectuar el cumplimiento económico de una deuda social por un monto mayor al de su aportación.

Más allá de ser considerado como un instrumento jurídico riguroso, esta teoría es una oportunidad para potencializar la Economía del Estado  al realizar acciones conforme a derecho, y a su vez, prepara el ambiente corporativo para consolidar las bases de una competitividad sana entre compañías.

Hay algo que debe recalcarse, esta figura no sólo atañe a los socios de la empresa, involucra a todo aquel que ejerce el control de la sociedad. Por lo tanto, existirán sanciones a la persona jurídica y a personas físicas, dependiendo de la falta que cometan; estos parámetros se definen a través de reglas propias de la personalidad societaria a las que en su conjunto se les conoce como desestimación de la personalidad societaria.

Hasta el día de hoy, no tenemos una regulación jurídica que profundice el estudio del velo corporativo, únicamente contamos con interpretaciones judiciales que muestran el lado obscuro de las Sociedades Anónimas, y no me malentiendan, el problema no es la sociedad en sí, lo que se debe de analizar es el “uso” que se le da. Por eso es importante apoyarse en diversas ramas del derecho para entender los alcances que estas malas prácticas pueden tener.


[1]Semanario Judicial de la Federación https://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/paginas/DetalleGeneralV2.aspx?ID=2004359&Clase=DetalleTesisBL&Semanario=0  Décima  Época,  Registro 2004359, Tribunales Colegiados de Circuito, Libro XXIII, Tomo 3, Pag. 1750      

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