Mario Rizo Rivas Contador Público Certificado y Maestro en Impuestos. Socio Director de Salles, Sainz–Grant Thornton, S.C., oficina de Guadalajara y Presidente del Colegio de Contadores Públicos de Guadalajara, A.C. Twitter: @mariorizofiscal

Las empresas familiares son muy vulnerables a los conflictos internos, que en la mayoría de los casos suelen ser fatales, debido a una particular característica: en ellas confluyen dos esferas de relaciones que no siempre saben mantenerse saludablemente separadas: la de los asuntos familiares y la de los asuntos empresariales. Cada una de estas esferas tiene su propia lógica y sus propios valores. El fin de la empresa es conseguir beneficios a través de una adecuada estructura, una buena dirección y un buen gobierno corporativo. Esto exige una jerarquía basada en la cualificación de las personas. Por su parte, la esfera de la familia tiene sus bases en la afectividad, la confianza y la ayuda mutua, y presidida por un criterio básico de igualdad entre sus miembros (al menos dentro de cada generación).

Típicos problemas del choque entre empresa y familia

Son muchas las disfunciones y, a través de ellas, los conflictos que pueden poner en peligro a la empresa por la intersección de ambas esferas. Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos citar algunos ejemplos:

  • Que los socios familiares se crean con derecho a participar en la gestión del negocio, o al menos, a disfrutar de un puesto de trabajo, sin importar sus capacidades o las necesidades de la empresa.
  • Que los familiares que trabajan en la empresa consideren que su remuneración debe depender de sus necesidades personales, y no la que marque el mercado.
  • La incapacidad del fundador para ir delegando la gestión, por ver siempre a sus hijos insuficientemente preparados, o porque le resulta difícil aceptar que ha dejado de ser indispensable.
  • El choque de las distintas visiones del negocio que tienen los fundadores (generalmente, más conservadora) y sus descendientes, a veces con mejor preparación académica y que son más arriesgados e innovadores.
  • El no definir con claridad los roles liderazgo entre los descendientes del fundador, sobre todo en el caso de que éste no haya querido planificar una solución en vida por no afrontar el tema de la sucesión.
  • Que las decisiones se adopten en el seno de la familia, sin tomar en cuenta las mejores prácticas en materia empresarial y de negocios.

Estos problemas se acentúan porque, comúnmente, la familia teme enfrentar los conflictos empresariales que puedan poner en riesgo las relaciones familiares. Y, por ello, de la tendencia a querer huir de los temas espinosos, no se toman las decisiones necesarias en el momento adecuado. Esto genera serios problemas de comunicación y un inevitable agravamiento de los problemas futuros.

La mediación, el vaso comunicante

Como forma de solucionar conflictos, la mediación nos ha acompañado a lo largo de los años. La tarea de los mediadores se define como “la segunda profesión más vieja del mundo”, en el sentido de que, en cuanto surgió el primer conflicto, al mismo tiempo aparecieron los primeros mediadores.

La figura del mediador consiste de un profesional neutral que facilita la resolución del conflicto entre las propias partes involucradas, siendo siempre estas las protagonistas del acuerdo.

En el contexto de la mediación no cabe hablar de vencedores y vencidos; se trata de dialogar y negociar para alcanzar un consenso satisfactorio para ambas partes, un ganar-ganar.

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