Gerardo Ramírez Organista
Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara; cuenta con Maestría en Derecho Comercial y de la Empresa por la Universidad Panamericana (UP) campus Guadalajara; Egresado del programa AD2 del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE); es prestador de Servicios de Justicia Alternativa Certificado por el Instituto de Justicia Alternativa del Estado de Jalisco (IJA); y Corredor Público de Jalisco número 49. Twitter: @Gerardo0770

La permanencia de una empresa familiar, ante el cambio generacional es la preocupación principal de la mayoría de los fundadores de ella.

Las estadísticas indican que menos del 30% de las empresas avanzan con éxito a la segunda generación y solo el 12% alcanzan la tercera. Este tema ha sido materia de estudio en innumerables ocasiones y hay avances al respecto.  Sin embargo, se pierde de vista en muchas ocasiones, lo importante que es la permanencia y sucesión del patrimonio familiar (independientemente de la empresa como unidad económica) que en conjunto o en partes, pasará a una segunda generación, pero corre el riesgo de no llegar a una tercera o posterior generación.

En varias ocasiones escuché a mi abuelita el refrán popular:  “Padre comerciante, hijo caballero, nieto pordiosero”.  Y me refiero al patrimonio familiar, en un sentido amplio.  No solo respecto de bienes materiales, sino del legado familiar en su conjunto.

Debido a lo anterior, propongo en estas líneas poner énfasis en el patrimonio familiar y en las herramientas que a mi juicio ayudan a trasmitirlo a una segunda, tercera y subsecuentes generaciones y sobre todo a valorarlo y acrecentarlo.  Primeramente, dejemos claro que la empresa familiar, es un ente económico distinto a la familia. Normalmente hablamos de una Sociedad Anónima con personalidad jurídica y patrimonio propio, propiedad de algunos miembros de la familia. Inicialmente (en la mayoría de los casos) del fundador y su esposo o esposa y de los hijos a la muerte de los primeros.  Probablemente, algunos de los familiares colaboren en la empresa, pero conforme crece la familia y los intereses de sus integrantes, resulta imposible que todos participen en ella. Sin embargo, lo más probable es que todos los miembros de la familia disfruten del patrimonio producido, por lo menos hasta la segunda generación.

Por ello el patrimonio generado en la empresa familiar y por cada miembro de la familia, es un patrimonio independiente, que conforma el “patrimonio familiar”.  Y en muchas ocasiones, este patrimonio no es gestionado de forma institucional, dejándose al leal saber y entender de los miembros de la familia su administración y crecimiento.    Desde luego, dependiendo del tamaño del patrimonio y del tamaño de la familia, la complejidad de su gestión es mayor. Si hablamos de una familia con un patrimonio pequeño y con pocos miembros, bastaría con las herramientas que la propia empresa familiar tiene, en principio.  Situación que es muy común. En este caso, el patrimonio familiar se gestiona desde la misma empresa familiar, echando mano de los recursos que esta tenga, como son recursos materiales y recursos humanos (contador, abogado, ejecutivo de cuenta asesor, etcétera). Cuando es mayor el patrimonio familiar y la familia, éste debe ser gestionado desde un ente independiente de la empresa familiar. Esto facilita la ejecución de disposiciones testamentarias de los fundadores, manejo de fondos de educación, de salud, etc., así como la administración de inmuebles y la gestión de nuevos negocios creados por miembros de la familia.

Esto es, la empresa familiar al paso de los años se vuelve una fuente de riqueza, mas no la única.  Una fuente de ocupación para los miembros de la familia (pero no la única). Esto sucede normalmente, cuando los miembros reconocen y aprovechan el legado familiar en su sentido más amplio, (incluyendo el económico desde luego), y entonces el centro de la familia es la familia no la empresa familiar.  Esta nueva estructura permite explotar sus habilidades e intereses personales.

Para lograr esta estructura, en donde la familia es el centro, existen varias herramientas que ayudan a preservar, acrecentar y trasmitir el patrimonio familiar de una forma más segura.  En este artículo me referiré a tres de ellas que me parecen muy importantes:

1.- El protocolo familiar es el documento que contiene las políticas que deben cumplirse por parte de los miembros de la familia frente a la empresa familiar.  Contiene, desde la filosofía de la familia (visión, misión, valores), historia, políticas de sucesión, de acceso a la tenencia accionaria, transmisión de acciones, ingreso a la empresa familiar, participación en el consejo de administración de las mismas, previsiones sobre fondos para educación, responsabilidad social, etc.  Este documento se recomienda ratificarlo ante fedatario público y reflejar los acuerdos en los estatutos sociales, acuerdos parasociales, testamentos, fideicomisos y cualquier otro instrumento, según la naturaleza de los mismos. Además, recomiendo incluir una cláusula que contemple la Mediación y el Arbitraje para dirimir cualquier controversia que surjan entre los miembros de la familia.

2.- El consejo de familia, es el ente creado dentro del protocolo familiar, que vigila el cumplimiento del propio protocolo, promueve la vinculación, propone su actualización y promueve el sentido de pertenencia de los miembros de la familia hacia la empresa familiar.  Forman parte de dicho consejo de familia, principalmente los familiares que tienen participación en el patrimonio familiar y quienes están contemplados como sucesores de dicho patrimonio. Conforme crece la familia, pueden establecerse representaciones por estirpe (línea familiar).  Sesiona de forma ordinaria dos o tres veces al año. Pero cada familia puede establecer la regularidad que considere adecuada. Además, puede tener sesiones extraordinarias si fuesen necesarias o si se requiere modificar el protocolo familiar o por un evento extraordinario dentro de la familia, la empresa o el patrimonio familiar.

3.- El family office, es como el mayordomo de la casa grande.  Es la entidad que administra el patrimonio familiar y sustituye la utilización de recursos internos de la empresa.   Conforme crece el patrimonio familiar, la gestión del mismo es más compleja y los recursos de la empresa familiar no deben distraerse en ello.  Además, el crecimiento del número de miembros de la familia, hace más probable que no todos puedan ser integrados a la empresa familiar y hace más probable que no todos tengan interés en trabajar en ella y quieran emprender sus propios proyectos, empresariales o no empresariales.  Sin embargo, el patrimonio familiar con una brújula adecuada, podrá acrecentarse y sobre todo la esencia familiar, la misión, visión y valores de la familia pueden ser una guía para todos los integrantes de la familia, se dediquen a lo que se dediquen. Normalmente se constituye como una persona moral independiente (de preferencia una SAPI).  Presta servicios a la familia, ya sea directamente o es el contacto con terceros. Se recomienda que el family office se constituya como una SAPI, porque corporativamente es el tipo social más robusto para realizar previsiones en cuanto al control relativo al voto de los socios, reparto de utilidades, recompra de acciones, etc.  Y en muchas ocasiones, esta misma entidad, puede ser la propietaria de los inmuebles que conforman el patrimonio familiar, lo que facilita su administración. Además, a través de esta entidad, se puede aprovechar la unión del patrimonio familiar para comprar empresas, inmuebles, acciones para especulación y todo tipo de inversión, separando el patrimonio familiar del patrimonio de la o las empresas familiares.

Por lo tanto, es importante realizar esfuerzos y generar estrategias para preservar la empresa familiar a través de un Gobierno Corporativo y diversas herramientas.  Pero sin duda, la mayor riqueza se encuentra en el Patrimonio Familiar, entendiendo como tal, la esencia de la familia, el ADN que la llevó a crear abundancia de todo tipo, incluyendo la abundancia económica.  Y entonces, debemos asegurarnos de que se tramita el patrimonio a los hijos y estos a su vez, lo transmitan a los nietos y posteriores generaciones, contribuyendo a una mejor sociedad.  Para ello, es importante implementar herramientas como las mostradas en el presente artículo, que han probado eficacia en muchas familias.


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