En los últimos años la globalización económica ha presentado resultados impresionantes; durante este tiempo se han consolidado bases flexibles para el desarrollo de actividades que satisfacen las necesidades que presentan los distintos mercados, obligando a los empresarios y las corporaciones a innovar de manera acelerada y constante.

Derivado de esta “evolución”, las organizaciones criminales dedicadas a cometer actos ilícitos como el tráfico de estupefacientes, el comercio ilegal de armas, la inmigración clandestina, fraudes financieros y delitos en contra de los derechos humanos, han puesto sus ojos en estas atractivas ventajas globales para disfrazar el origen de su dinero mal habido.

Este proceso que muchos identifican como lavado de dinero ha incrementado de forma exponencial a nivel internacional,  trayendo consigo una serie de repercusiones en diversos aspectos como la lesión al tejido social, al sistema económico,  financiero y tributario de sus respectivos países. Quienes realizan estas prácticas han creado sus propias tendencias y formas de operar tan peculiares, que logran el cometido de camuflajear sus malos actos con éxito.

México se encuentra en el tercer lugar de países proveedores de capitales ilícitos a nivel global. En los últimos siete años exportó al mundo financiero ilícito más de 514 mil 259 millones de dólares, colocándose por debajo de países como China y Rusia.

Esta información fue proporcionada por Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública durante su participación en el Seminario Corrupción y Lavado de dinero: XV años de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).              

Sandoval advierte que esto es una situación alarmante, pues de acuerdo a un informe de Global Financial Integrity de hace dos años, México fue catalogado como uno de los países que más lavan activos. El informe plasma que entre 2004 y 2013 el flujo de recursos financieros ilícitos en el país fue de 53 mil millones de dólares en promedio por año, donde el narcotráfico generó mayores ingresos.

Complementando la idea anterior, algunos datos recuperados de la Organización de Naciones Unidas, indican las ganancias anuales de las bandas criminales trasnacionales que se lavan en el sistema financiero internacional y superan el billón 500 mil millones de dólares. Monto que es similar a la riqueza de los 49 países menos desarrollados del mundo.

“Es importante subrayar la importancia política de la Unidad de Inteligencia Financiera como un instrumento del Estado qué debe de verse con la mayor seriedad, pues la corrupción y la delincuencia organizada son amenazas ciertas a la seguridad nacional, al desarrollo…” afirmó la funcionaria.

Aún queda pendiente analizar el informe del año pasado emitido por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), que contempla temas como el lavado de dinero por tráfico de drogas, trata, corrupción, evasión y elusión fiscal.

Uno de los compromisos de la actual administración es lucha  la contra el lavado de dinero y la corrupción, donde el desmantelamiento de las organizaciones criminales y la inhabilitación de funcionarios que hayan abusado del poder que se les confirió serán elementos claves para dar un paso favorable en la reestructuración del país.

Las autoridades involucradas deberán actuar de forma expedita y asertiva para alcanzar los objetivos fijados para mitigar este mal que afecta a todos.

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