Víctor Manuel Peña Briseño
Licenciado en Derecho egresado de la Universidad
de Guadalajara; curso de Alta Dirección de Empresa
en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de
Empresas (IPADE); Maestría en Derecho Público, con
especialidad en Derecho Procesal Fiscal y en
Derecho Administrativo, por la Universidad
Panamericana; Doctorando en Derecho por
la Universidad de San Pablo-CEU de Madrid
España; y Doctor en Derecho por la
Universidad Panamericana.

Cualquier persona que inicia un negocio investiga cuánta inversión requerirá para emprender, con la finalidad de evitar el mayor número de contratiempos y problemas previsibles; tales como la situación del mercado, las necesidades del consumidor, la competencia que le representa otros proveedores de bienes o servicios similares, los requerimientos gubernamentales para el funcionamiento del giro, entre otros factores indispensables de conocer antes de embarcarse en una aventura empresarial. Pero, con la perspectiva de la sociedad a futuro que se establecerá con el matrimonio ¿cuántos de nosotros investigamos a profundidad a nuestra futura pareja? El sugerente título de este artículo nos obliga a meditar si cuando pensamos en contraer matrimonio estamos conscientes que de alguna manera estamos iniciando un negocio. Un negocio en todo el sentido patrimonial y económico de la palabra.

Damos por descartado que quien decide unir su vida a otra persona y formar una familia, es porque está enamorado(a). Cualquier otra razón que se aparte del amor debería considerar con mayor detenimiento nuestros comentarios aquí vertidos. Cualquier persona que inicia un negocio investiga cuánta inversión requerirá, la situación del mercado, las necesidades del consumidor, la competencia que le representan otros proveedores de bienes o servicios similares, los requerimientos gubernamentales para el funcionamiento del giro, entre otros factores indispensables de conocer antes de embarcarse en una aventura empresarial. Pero, ¿cuántos de nosotros investigamos a profundidad a nuestra futura pareja? ¿Cuántos de nosotros conocemos a fondo sus costumbres, sus defectos, sus vicios, su educación y cultura? ¿Cuáles son sus costumbres familiares, sus prácticas o creencias religiosas, su estado actual de salud, enfermedades hereditarias, convicciones respecto al matrimonio, entre otras cosas? A veces, a ciegas e influenciados por el enamoramiento nos unimos en matrimonio con una persona de dudosa calidad moral, que no tendría escrúpulo alguno para dejarnos en la calle y sumidos en la miseria económica.

Régimen matrimonial
¿Cuántos de nosotros conocemos la diferencia entre los diversos regímenes patrimoniales del matrimonio que existen conforme al Código Civil de Jalisco? ¿Conocemos los beneficios o perjuicios de la Sociedad Legal? ¿Sociedad Conyugal o Separación de Bienes? Se ha puesto de moda que los contrayentes se casan bajo el régimen de Separación de Bienes, en donde será dueño exclusivo el cónyuge que registre a su nombre los bienes adquiridos dentro del matrimonio. En la mayoría de los casos el hombre es quien maneja la economía del hogar y principalmente los negocios productivos y la mujer es quien se dedica al cuidado del hogar y de los hijos, por lo que escasa o nula es su participación activa en el manejo de cuentas bancarias, inversiones, títulos de propiedad de los bienes adquiridos, facturas de los autos que posee la familia, etc.

Liquidación del patrimonio formado dentro del matrimonio
¿Y qué sucede cuando el matrimonio termina por muerte o por divorcio? De pronto la viuda o la mujer que se encuentra en proceso de divorcio, se da cuenta que no conoce los detalles de los negocios del marido y es víctima o de vivales que aparecen como dueños de los bienes adquiridos y que por alguna razón no fueron escriturados a nombre del adquirente o, es víctima del abuso y costumbres fraudulentas del marido, que para eludir su obligación legal y moral de rendirle cuentas a su esposa y repartirle lo que le debe corresponder al liquidar la relación matrimonial, ha puesto los bienes adquiridos durante el matrimonio a nombre de empresas, de los padres del marido, de socios o amigos que se prestan para esa simulación.

Con tristeza y desesperación, la viuda o la esposa en proceso de divorcio se dan cuenta que no tienen nada de recursos económicos para enfrentar su futuro, la educación y el futuro de sus hijos y, sobre todo, para enfrentar la vejez.

El fraude familiar
Cuando se disuelve el vínculo matrimonial, una de sus consecuencias es la liquidación del patrimonio formado durante el matrimonio. Aquí es en donde encontraremos las más graves diferencias entre los cónyuges. Son innumerables los casos en los que alguno de ellos, con la clara intención de perjudicar al otro, ha puesto los bienes adquiridos a nombre de otra persona o de algún familiar, o los cede o simula gravámenes sobre ellos, para no repartir y entregar lo que corresponde al otro cónyuge. Con este tipo de conductas también se ven afectados los hijos, quienes quedan privados de su derecho a heredar y a recibir alimentos en la medida de las reales posibilidades económicas del padre.

Esto mismo podría presentarse en los raros casos en que es la mujer la que sostiene económicamente a la familia y el hombre es quien se dedica al cuidado del hogar y de los niños. El o la cónyuge que de esta manera pretende evadir sus obligaciones económicas, está cometiendo un delito que se conoce como fraude familiar y que se castiga con pena de prisión en los términos del artículo 390 bis del Código Penal Federal.

Mitos con relación a la separación de bienes
El común de las personas siguen pensando que al adoptar el régimen económico de la separación de bienes cuando contraen matrimonio, los bienes adquiridos durante dicho matrimonio son propiedad exclusiva de aquel que aparece como dueño ante el Registro Público de la Propiedad o en las facturas de los autos y demás muebles y, que en consecuencia, cuando acaece el divorcio, la cónyuge no tiene derecho a recibir algo de los bienes adquiridos.

Lo anterior es un mito, porque a virtud de resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se han modificado las disposiciones respectivas en el Código Civil. En Jalisco, quien se ha dedicado al cuidado del hogar y de los hijos tendrá derecho hasta del 40% de los bienes adquiridos dentro del matrimonio, no obstante que estén a nombre del otro cónyuge. Con este logro se hace justicia a quien renunció a su profesión o trabajo para ser pilar en el hogar y evitar que se vean burlados sus derechos.

Es aconsejable siempre estar bien asesorado acerca de los derechos que se adquieren a virtud del matrimonio, con independencia del régimen económico adoptado.

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