Mario J. Ríos Peñaranda
Licenciado en Contaduría Pública y Certificado, egresado de la Universidad del Valle de Atemajac Campus Guadalajara. Miembro del Instituto Mexicano de Contadores Públicos, A.C. y Socio activo del Colegio de Contadores Públicos de Guadalajara Jalisco, A.C. Actualmente es Socio Director de la Oficina Guadalajara de la Firma Ernst & Young (EY)

La pandemia de COVID-19 se ha convertido en un fenómeno que afecta gobiernos y empresas con una disrupción y riesgos sin precedentes. Se trata de una crisis inédita que tiene profundas implicaciones para las organizaciones a nivel mundial, desde el cierre total o parcial de operaciones hasta las interrupciones de la cadena de suministro, la escasez de mano de obra y generando severas afectaciones en el flujo de efectivo; las empresas alrededor del mundo han sufrido los estragos del impacto comercial y financiero, originando una significativa reducción en la productividad de los países afectados. 

Del lado de los consumidores, solo durante el mes de abril se perdieron 550 mil empleos en México, y se estima que 1 de cada 3 hogares vea una contracción de más del 50% de su ingreso por la crisis del COVID-19. Del lado de las empresas, 63% de las 35 compañías emisoras del S&P/BMV IPC consideran como prioridad mantener buen nivel de liquidez, mientras que 250,000 Pymes en el país están en riesgo de quiebra, según la Asociación Latinoamericana de Micros, Pequeños y Medianos Empresarios (Alampyme).

Muy probablemente el mundo nunca volverá a ser como antes del COVID-19, esta crisis ha cambiado, quizás para siempre, la forma en que las personas se desplazan, trabajan, aprenden, interactúan y conectan con sus semejantes. Los tomadores de decisiones deberán concentrarse en crear un contrapeso entre ambas crisis, la económica y la sanitaria con el fin de contener la propagación de la enfermedad y el correcto manejo de medidas económicas. Para ello, empresas y gobierno deben implementar diversas disposiciones, entre las que se encuentran:

Gobierno:

  • Incrementar la comunicación y colaboración con el sector empresarial.
  • Garantizar el funcionamiento eficiente de las cadenas transfronterizas de suministro.
  • Comunicar los planes a corto y mediano plazo para disminuir los picos epidemiológicos.

Empresas:

  • Establecer protocolos y medidas sanitarias ante la crisis. Crear medidas de seguridad y protocolos de interacción entre personal, proveedores, clientes y consumidores.
  • Revisar su modelo de operación para detectar ventanas de oportunidad y las posibilidades de adaptabilidad del propio modelo.
  • Evaluar posibles escenarios e implementar medidas financieras que garanticen la continuidad del negocio.

El incremento de necesidades de liquidez, el aumento de riesgo de crédito de los clientes, los cambios en el comportamiento de pagos, el declive en el ciclo operativo y la ralentización de la cadena de suministro son algunos factores que han impactado negativamente a las empresas. Sin embargo, hay innovaciones que pueden implementarse para responder a los desafíos que plantea la crisis; como digitalizar los documentos con uso de tecnología para mejorar el trabajo remoto, actualizar las políticas de liquidez, liderar renegociaciones con proveedores y clientes, buscar un acercamiento con bancos, orquestar la comunicación entre las distintas áreas y actualizar la cadena de suministros y de sostenibilidad asociada.

Cabe destacar que las estructuras tradicionales de las cadenas globales de suministro no están preparadas para enfrentar con eficiencia este número creciente de interrupciones no planificadas. Su concentración geográfica, los bajos niveles de stock de seguridad, la flexibilidad limitada, la baja integridad, calidad y seguridad de datos, los anticuados planes de contingencia y la falta de pruebas en el plan de manejo de incidente de crisis, han provocado efectos negativos en los que queda demostrado que la resiliencia no es inherente a las estructuras actuales de las cadenas de suministro.

Las empresas deben establecer qué tan resiliente es su cadena de suministro frente a una eventual interrupción local, regional o global por medio de evaluaciones de riesgo y construcción de estrategias de capacidades de resiliencia. Además, deben contar con un sistema de monitoreo y alerta temprana que evalúe constantemente riesgos, anomalías y valores atípicos de demanda y suministro. Asimismo, las empresas deben tener definido el “Plan B” con procedimientos operativos, aunado a un protocolo de comunicación interna y externa para eventos disruptivos específicos.

Los líderes empresariales se encuentran en una situación en la que deben guiar su negocio a través de la incertidumbre y la complejidad, tomando decisiones contundentes en las principales áreas donde se requiere especial atención como estructuración y gestión de crisis, gestión de riesgos, gestión financiera, fuerza laboral, disputas legales y contractuales, cadena de abastecimiento y relación cliente – marca.

A la vez, tienen que gestionar estrategias para dirigir a sus equipos de manera remota, mantener los niveles de productividad y de motivación altos e incorporar en su comunicación interna estrategias que garanticen un flujo de comunicación y reporte eficiente.

A lo largo de la duración de esta pandemia, se han identificado una serie de factores de resiliencia esenciales que han contribuido a mitigar los impactos negativos en las organizaciones:

  1. Cadena de suministro y comercio global: toma de acciones inmediatas en todas las dimensiones de la cadena de suministro, fortalecer las ventas y distribución vía e-commerce, así como elaborar listas de materiales y suministros alternativos.
  • Salud y bienestar del empleado: promover la seguridad y bienestar de todos los colaboradores, facilitar información oficial sobre salud pública y apoyo para empleados afectados.
  • Talento y fuerza laboral: revisar los controles actuales y documentación relacionada para Recursos Humanos y procesos legales relevantes. Además, desarrollar nuevas políticas y procedimientos para proteger la salud de los empleados cuyas actividades incluyan viajes en donde el riesgo de contagio aumente.
  • Seguridad del cliente y protección de la marca: difundir la postura de la empresa por medio de mensajes clave que reflejen los valores de la institución y que permitan comunicar las medidas implementadas, así como la adopción de soluciones innovadoras en el embalaje de productos para mitigar los riesgos sanitarios y proveer mayor confianza al consumidor.
  • Finanzas e inversionistas: revisar la documentación necesaria para evaluar cualquier impacto en los estados financieros, sobre todo lo relacionado con el negocio en marcha. De igual forma reforzar el compromiso con los actores clave para comprender sus necesidades y preocupaciones.
  • Riesgo: estudiar la simulación de riesgos y planificación de escenarios para una pandemia, desarrollar un modelo completo de resiliencia empresarial para identificar, priorizar, planificar y responder a eventos de riesgo e implementar tecnologías de punta para responder rápidamente a cambios y problemas en la carga de trabajo de los empleados.
  • Gobierno y políticas públicas: monitorear proactivamente la información de fuentes gubernamentales, así como establecer comunicación oportuna y mantener canales de comunicación con los gobiernos federal, estatal y local.
  • Tecnología y seguridad de la información: realizar análisis de riesgos en la infraestructura tecnológica para evaluar la fuerza laboral y su capacidad de soporte. Además, implementar tecnologías de automatización para facilitar las operaciones de los empleados.
  • Seguros y recuperación financiera: analizar y revisar minuciosamente las pólizas de seguro relacionadas con posibles brotes pandémicos. Es momento de desarrollar planes de aceleración financiera y mitigación que prevengan a la empresa de una pérdida catastrófica por reclamos de seguros.

En este contexto, las empresas tienen la responsabilidad de implementar acciones inmediatas para proteger sus resultados a mediano y largo plazo. A mediano plazo, deben evaluar el riesgo y los efectos de las demoras o interrupciones de la cadena de suministro, asegurar el abastecimiento, revisar contratos legales y comerciales, planear escenarios y fortalecer continuamente la relación con sus clientes, destinando más tiempo a identificar sus nuevos hábitos de consumo, es decir, centrarse en su nuevo comportamiento. A largo plazo debe haber un ajuste de presupuestos y planes de negocios, reorganización de la cadena de suministro, mejora integral del rendimiento, previsión y planificación de la producción, así como optimización constante de gestión de riesgos.

Los diversos niveles de impacto en todos los sectores determinarán el grado de evaluación, respuesta y recuperación que las empresas puedan desarrollar para restablecerse una vez que la crisis haya pasado. Mientras tanto, deben tomar decisiones y medidas teniendo en mente su capacidad de resarcimiento y agilidad para remodelar su estrategia comercial.

A medida que se levanten de forma escalonada las restricciones de movilidad y se reactive la actividad económica en todo el País, las empresas deberán prepararse y adaptar su modelo operativo de cara al futuro, implementando nuevos protocolos y utilizando la tecnología como su mayor aliado. Es recomendable tomar medidas antes de regresar a los nuevos esquemas de trabajo, con el fin de estar preparados para enfrentar los retos actuales.

Para esto se debe desarrollar un plan que permita migrar a la nueva normalidad, implementando políticas y prácticas que garanticen la seguridad de los empleados y clientes. Asimismo, es necesario asegurar la capacidad operativa bajo un modelo de trabajo integral, centrado en la continuidad de las operaciones, integrando los procesos con tecnología y teniendo en cuenta la infraestructura y las personas, por medio de:

  1. Diseño de protocolos: implementos de protección, capacitación y entrenamiento, reubicación de cargos, registro de distancia en los desplazamientos y medios de transporte, reasignación de horarios y turnos, manejo de higiene y limpieza, entre otros.
  • Si la empresa va a tener operación remota se debe revisar e implementar: capacitación en autocuidado, ajuste de tecnología e infraestructura, integración de plataformas, gestión de compras y contractual con terceros y clientes, adaptación de procesos, entrenamiento en trabajo remoto y ampliación de canales de comunicación y reporte.
  • Para la activación de la operación es importante que las empresas cuenten con los esquemas de seguridad, control y autogestión, lo que les permitirá responder a los requerimientos de empleados, Gobierno, clientes y de la empresa misma.
  • Se deben organizar capacitaciones y comunicaciones permanentes para asegurar que los colaboradores cumplan con las diferentes normativas y protocolos.
  • Es fundamental contar con herramientas de monitoreo para reportar a los entes de control el estado de salud de los empleados y tomar las medidas necesarias al interior de la organización.
  • Por último, se deben revisar los contratos laborales de los colaboradores y terceros, para definir si requieren ajustes.

Es esencial que las empresas en México se enfoquen en construir resiliencia para transformarse y adaptarse a esta disrupción. La comunidad empresarial juega un rol clave en la recuperación al trabajar desde hoy para mantener el pulso de la economía, adecuar las operaciones en la medida de lo posible para conservar empleos y amoldarse a esta nueva realidad.

Con el objetivo de ayudar a las organizaciones a adaptarse a su nueva normalidad, en EY hemos diseñado una estrategia que llamamos Now, Next and Beyond. La naturaleza de las crisis y los riesgos que conllevan, demanda de las organizaciones la habilidad para pensar, planear y operar en estas tres dimensiones de manera simultánea:

  1. Resolver el “ahora”: el día presente es la zona táctica de las empresas. Las organizaciones resuelven los imperativos del “ahora” al enfocarse en cómo hacer crecer su negocio existente, implementar medidas para eficientar las operaciones, maximizar la ganancia y el valor para los inversionistas.
  • Explora el “después”: identificar nuevas oportunidades y modelos de negocio, explorar el potencial innovador de nuevas tecnologías digitales como la inteligencia artificial, la robótica y blockchain.
  • Imagina “más allá”: las organizaciones no deben detenerse en pensar exclusivamente qué sigue de manera inmediata, sino deben imaginar “más allá”. ¿Qué megatendencias se potenciarán con las nuevas olas de cambios tecnológicos? Los líderes de las organizaciones deben imaginar cómo crecerá su empresa en un mundo hiperconectado, basado en redes y con mercados superfluidos.

Lo que planificamos ayer debe ser modificado y replanteado para el mañana. Las organizaciones deben contar con una estructura sólida que les permita adaptarse con la flexibilidad y rapidez para construir un mejor entorno de negocio.

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