Benjamín Serna Liogon
Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana, Campus Guadalajara, con Diplomado de Actualización del Abogado de Empresa por la «Asociación Nacional de Abogados de Empresa» (ANADE), y socio de las firmas de abogados fiscales y corporativos «Degalcorp Abogados» y «LegalMed»

La medicina es una ciencia en constante evolución y desarrollo, por lo cual es difícil evaluar situaciones de riesgos, pues lo que hoy se puede considerar de alta posibilidad de suceder, en un par de años sería inimaginable que sucediera. Es una profesión que requiere la constante actualización de sus practicantes, para estar ejercicio al unísono de los avances tecnológicos y de estudios, reitero, es tan drástico que los estudios actuales pueden ser superados o en en su caso desacreditados, en un breve lapso de tiempo, requiriendo nuevos protocolos dentro de los hospitales, en estudio y preparación del paciente.

Para el análisis de la teoría del delito médico se parte de la teoría normativista de la acción, según la cual el dolo pertenece al tipo subjetivo, es decir, dolo culposo. Para el tema que nos ocupa es necesario el estudio de las causas de “exclusión de la acción”, sin las cuales, ni siquiera es posible, considerar la presencia de delito. La que en esta ocasión explicaré es la “iatrogenia”, palabra que proviene del griego iatro – médico y geno – producido, por lo que podemos partir de definirlo “la alteración del paciente por la intervención del médico, sea desde una opinión de tratamiento hasta instrumental”, de las cuales no necesariamente son dañinas, pues se encuentra la iatrogenia, la aplica la pericia profesional con el riesgo inherente que conlleva en búsqueda legítima de la salud del paciente, que no siempre el resultado es el óptimo; y por otro lado, encontramos, la iatropatogenia, donde se afecta la salud por diversos factores subjetivos, principalmente, por negligencia, imprudencia o errores.

En esta ocasión analizaré sólo a la iatrogenia, tomando en consideración que no toda actuación médica en la que se produzca un daño al paciente, es imputable al profesional de la salud. Dentro de una intervención médica, pueden surgir ciertos riesgos, algunos previsibles y otros no, que se presentan aunque no se haya faltado a los deberes establecidos de cuidado, antes y posterior a su intervención. Los riesgos previsibles son las complicaciones que siempre que se presentan determinadas patologías y, además, se conoce la forma en que se producen, de las cuales existen protocolos preventivos para reducir el riesgo; y también encontramos los riesgos imprevisibles, se trata de aquellos que suceden de forma infrecuente y cuya aparición no está pronosticada, que son los más preocupantes. Esto último es lo preocupante, pero sobre todo inevitable, pues ante una situación de atención a la salud, el médico está obligado en primer orden a utilizar los medios necesarios para prevenir los riesgos típicos, pero aún así, actuando con prudencia, diligencia, competencia y en apego a la reglamentación, existe la posibilidad de que el resultado no sea el deseado debido a razones ajenas a él, y se enmarca dentro del mínimo porcentaje de riesgo inevitable, que existe cuando se ejecuta un acto médico.

La iatrogenia no es punible, se equipara a un caso fortuito, exime de responsabilidad al médico. En la realización de su delicada labor, es seguro encontrarse con situaciones inesperadas en cada momento, como consecuencia de su función médica, y son ajenas a su voluntad. A veces, aunque haya actuado con el mayor de los cuidados y tomado las previsiones necesarias, ajustándose a las normas y procedimientos, se presentan alteraciones sorpresivas para él como para el paciente o sus familiares, y por ello, deben considerarse como circunstancias, donde no existe una actuación reprochable. Estamos ante un tipo de caso fortuito de la medicina, como el verdadero accidente, el que no ha podido preverse, o tomado en cuenta, no ha podido evitarse.

De acuerdo con lo expuesto, puedo afirmar que la hipótesis del presente estudio se cumple cuando se define a la iatrogenia como una causa de “exclusión de la acción” y no como una causa de exculpación o de “antijuridicidad”. Presupone dos aspectos: desde el punto de vista objetivo, corresponde a los daños que sufre el paciente como consecuencia del correcto ejercicio de la medicina, y que desde el momento en que pretende prevenir o eliminar un estado patológico, en todo momento de su intervención se corre el riesgo de padecer. Desde el punto de vista subjetivo, es el grado de falibilidad al que el médico, como ser humano, se encuentra sujeto; muy a pesar de poner la diligencia y prudencia debida.

Finalmente, debemos considerara que la iatrogenia implica que el médico no ha incurrido en ninguna de las formas de la culpa, por haber tomado todas las medidas conocidas para reducir riesgos. Caso contrario, probada una acción culposa por imprudencia, por ejemplo, la lesión producida no puede calificarse como caso fortuito en su modalidad de iatrogenia, y por lo tanto el médico es responsable de los daños ocasionado y penalmente.

 

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