Adrián Alfonso Paredes Santana
Licenciado en Contaduría Pública y
en Derecho por la Universidad de Guadalajara; Maestro en Impuestos; Diplomado en Estudios Avanzados
en Derecho Administrativo por la
Universidad San Pablo CEU Madrid y catedrático de la Universidad Panamericana y del Centro de Estudios del Derecho de la Empresa «CEDE»
Twitter: @RCEmx

De conformidad con el artículo 14 de la Ley del Mercado de Valores (LMV) la administración de las sociedades anónimas promotoras de inversión (SAPI) estará bajo la encomienda de un órgano colegiado, el consejo de administración. Es el principal órgano, quien tiene asignadas las funciones de definir la estrategia a largo plazo de la empresa, diseñar su estructura organizativa, determinar la asignación de recursos y nombrar al director general, así como el equipo directivo que los respaldará.

Es importante recordar que, el artículo 15 del mismo ordenamiento nos indica que las SAPI podrán optar parar régimen de administración y vigilancia todo lo relativo a las sociedades anónimas bursátiles (SAB), o bien, el régimen de la Ley General de Sociedades Mercantiles (LGSM). En lo más alto de su jerarquía se encuentra el presidente, es el máximo responsable de su buen funcionamiento.

En algunos países, entre sus funciones del presidente están las de convocar a reuniones de consejero y elaborar el orden del día; pero, en nuestro país, en caso de que se adopte el régimen de administración de la SAB de acuerdo al artículo 15 de la LMV, el comité de Prácticas Societarias, de acuerdo a lo dispuesto por el artículo 42, inciso c) de la LMV, será el encargado de convocar a asambleas de accionistas y hacer que se inserten en el orden del día de dichas asambleas los puntos que estimen pertinentes. Además, en este punto, el comité de auditoría podrá convocar a asambleas de accionistas y hacer que se inserten en el orden del día de dichas asambleas los puntos que estimen pertinentes, de acuerdo a lo dispuesto en el 42, inciso n) de la LMV. Lo que sí es una función propia del cargo del presidente, es presidir y coordinar las reuniones; así como es el responsable tanto del funcionamiento del Consejo y de la organización de las evaluaciones anuales.

Las funciones del presidente van más allá de las que puedan disponer las diferentes leyes y estatutos, debe ejercer su liderazgo en las reuniones del consejo, no solo para asegurar de adecuado desarrollo, sino para poder determinar la dinámica más acorde a las necesidades de la reunión respecto a los objetivos propuestos en la “orden del día”. Por otro lado, también fuera de lo anterior, es el enlace entre los accionistas, el Consejo de Administración y el director general de la empresa. En general, tendrá las funciones del comité de prácticas societarias, de conformidad con el artículo 27 de la LMV, con la posibilidad que las ejerza el presidente del comité respectivo.

Una habilidad indispensable será la de coordinar a los consejeros para obtener el mayor partido posible de la experiencia y los conocimientos, toda vez que es su responsabilidad asegurarse de que el Consejo de Administración y la Dirección se entienden a la perfección para alcanzar objetivos en un trabajo conjunto.

Dentro de la LMV, y de la LGSM, so pocas las funciones que tiene un presidente, por consiguiente, su rol esencial de es facilitador y líder, fomentando el feedback de los consejeros, sólo de esta forma se podrá lograr el mayor rendimiento posible en cada reunión. Debe buscar ese consenso y equilibrio de los objetivos, tan es así que cuenta con el voto de calidad, que, al no estar reglamentado especialmente éste aspecto en la LMV, éstas serán tomadas siguiendo las mismas reglas contenidas en el artículo 143 LGSM, donde se establece que el Consejo de Administración funcione legalmente deberán asistir por lo menos la mitad de sus miembros, siendo sus resoluciones válidas cuando sean tomadas por la mayoría de los presentes, con el voto de calidad del presidente del consejo para el caso de empate.

A manera de conclusión, lo anterior explica porque el presidente es el responsable de imprimir y afinar la dinámica para que los Consejos de Administración alcancen su potencial, pues, establece el tono y la cultura del mismo, y tiene la encomienda de buscar y encontrar los puntos fuertes de cada de sus miembros y mejorando la comunicación y los procesos; haciendo extensiva esta comunicación entre la Dirección y el propio Consejo. El presidente siempre será quien marcará el paso dentro de un Consejero de Administración, para lo que requiere ser un líder y facilitador, convirtiéndose en un canal de comunicación, no solo entre los consejeros, sino con la alta dirección.

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