Mario Rizo Rivas Contador Público Certificado y Maestro en Impuestos. Socio Director de Salles, Sainz–Grant Thornton, S.C., oficina de Guadalajara y Presidente del Colegio de Contadores Públicos de Guadalajara, A.C. Twitter: @mariorizofiscal

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “haz lo que te gusta”? Es una acepción certera, pero ¿qué tal si la cambiáramos por la siguiente expresión?: “Que te guste lo que haces”. El sentido cambia por completo, ¿no es así?

Podríamos imaginar cientos de escenarios en donde nos contratan para realizar el trabajo de nuestros sueños; son la utopía que todos quisiéramos vivir. Sin embargo, la realidad es que los sueños solo se cumplen si trabajamos para alcanzarlos. No existen los atajos hacia el éxito, sino que tenemos que abrir brecha día a día. Si amamos lo que ya tenemos mientras trabajamos por conseguir lo que soñamos, la vida nos dará muchas buenas sorpresas.

Pero ¿qué sucede cuando no disfrutamos nuestros empleos? ¿Cuál es la consecuencia de trabajar todos los días sin motivación, y con la única meta de ganarnos el pan de cada día?

Comienza la epidemia

En cierta forma, las empresas que sufren de un exceso en sus trámites operativos o de alta burocracia generan ‘empleados zombis’. Con esto me refiero a que se multiplican vicios como asignar culpas o evadir responsabilidades; a la larga, todo esto solo promueve la indolencia del talento humano, ralentiza el crecimiento y genera costumbres que, con el tiempo, aniquilarán a la organización.

Uno pensaría que olvidarnos de ciertos deberes no es un acto tan importante. Sin embargo, la responsabilidad no puede ser integral si le quitamos la otra cara de su moneda. Es decir, no solo debemos asumir las consecuencias de todas nuestras acciones, sino de todas nuestas inacciones. Necesitamos responder por la indiferencia ante situaciones en las que, de una forma u otra, estamos involucrados.

¿Dónde se origina el contagio?

De acuerdo con el Gallup Report (2012), 13 por ciento de los empleados a nivel mundial están satisfechos con su trabajo. Por consiguiente, solo dos de cada 10 trabajadores se sienten felices con lo que hacen. ¿Por qué? ¿Qué hace que los empleados se sientan despojados de un propósito, del significado y de la diversión del trabajo?

Existen muchas razones por las que nuestros colaboradores actúan como zombis, especialmente en aquellas empresa que no toman las medidas adecuadas para incrementar y mantener su compromiso con el negocio. Si sufrimos este problema, qué podemos hacer al respecto? A continuación te comparto algunas estrategias para implementar si encuentras a estas personas en tu empresa:

  • Enfócate en las fortalezas, no en mejorar tus debilidades. Nadie es perfecto; sin embargo, siempre intentamos ver cuáles son nuestros peores defectos. Por esta razón, es bueno que los líderes se concentren en explotar lo mejor de cada uno de los individuos que conforman sus empresas.
  • Fomenta el extra. Esto significa que debemos motivar a los empleados para que den mucho más de lo que sus descripciones de puesto exigen, y esto se consigue a través del reconocimiento. Es necesario encontrar el punto de equilibrio donde los colaboradores sean conscientes de que su proactividad no es una carga de trabajo, sino un reflejo de la fortaleza empresarial y de nuevas oportunidades para todos los stakeholders.
  • Predica con el ejemplo. Nadie acepta la autoridad de quien no practica lo que dice, y este es un punto crucial para incrementar la productividad. A veces, debemos ir más allá de lo que nuestros códigos o reglamentos establecen para involucrarnos en las problemáticas sociales del negocio y en sus respectivas soluciones. Si asumios el compromiso de lo que nos toca hacer, contribuiremos a la armonía social. 

Reconstruye tus defensas

Como líderes, no nos deslindamos de responsabilidades, sino que adquirimos nuevos compromisos. Para erradicar a los ‘empleados zombis’ debemos actuar y abandonar las excusas. Tanto los directivos como los empleados tienen que dejar de quejarse, de culpar a otros por las desgracias, asumir las consecuencias de todo lo que se realizó o se dejó de hacer y exceder las expectativas. Todo esto distinge a un colaborador auténtico.

Dejar de ser zombis y transformarnos en colaboradores requiere que transitemos de la descalificación a la proactividad, del reclamo a la actuación, y de la evasión a la aceptación de responsabilidades. Esto implica grandes cambios en la vida personal de cada empleado, ya que el proceso evolutivo solo puede comenzar desde cada uno de nostotros. El secreto está en practicar y empezar un coaching para nosotros mismos, enfocándonos en nuestros retos y defectos.

A medida que nos enfrentemos a un obstáculo, y que nos preguntemos qué deberíamos hacer en cada situación, permearemos nuestras acciones y nuestras enseñanzas a toda la organización. Así forjaremos una cultura organizacional de triunfos. La vida misma es una escuela. Graduémonos con honores y trabajemos para ser diferentes a los demás.

Print Friendly, PDF & Email

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here