José Antonio Oloarte Atanasio
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Para el que suscribe y muy probablemente para algunos colegas que no colaboramos en firmas de consultoría con representación internacional, no ha sido nada fácil implementar, estructurar y consolidar gobiernos corporativos y políticas de integridad dentro de las organizaciones que quieren e intentan profesionalizar su dirección.

Mis esfuerzos profesionales y personales se han enfocado en la pequeña y mediana empresa (PyMes). Las cuales representan el 97% del total de las empresas que operan en nuestro país.

Durante años he observado que la estructura mental y cultural de los integrantes del 3% de las empresas restantes (grandes empresas) es diferente.

Sin embargo; en ambos casos el personal que genera y ejecuta la estrategia de negocios en cada uno de los niveles que integran la empresa es nacido, crecido y formado con estándares culturales, académicos, sociales y económicos generados en México.

Entonces me cuestiono ¿por qué la pequeña y la mediana empresa no logran profesionalizar su negocio?

Me respondo: porque la mayoría de los socios, dueños y/o directivos de este particular tipo de empresas, no se atreven a dar el paso a la transformación y consolidación de su negocio. Me consta en mi ejercicio profesional que muchos de ellos están sumamente convencidos de hacer lo necesario para lograrlo. Como se dice coloquialmente “ponen toda la carne al asador”.

“El Príncipe debe rodearse de buenos consejeros y no de aduladores.” – Nicolás Maquiavelo

Empero, cuando su sistema personal de creencias (valores y principios) no son “compatibles” con las normas que regulan sus “hábitos de trabajo” dentro y fuera de las organizaciones, estos mega esfuerzos desaparecen por arte de magia, sin importar los recursos económicos, materiales y humanos que se hayan invertido para tal efecto.

En algunos otros casos, cuando deciden seguir adelante, caen en el autoengaño, continuando con el proyecto de profesionalización de sus negocios a su particular estilo y con los asesores a su modo.

Desde luego, sin minimizar o dejar de lado el pretexto preferido: los altos costos por honorarios de los profesionistas externos que participan y el tiempo que requiere su implementación.

Mientras la estructura mental de los tomadores de decisiones en la pequeña y mediana empresas no evolucione, seguirá siendo factor determinante que no permitirá avanzar con mayor rapidez en las mejores prácticas de gobernabilidad en los negocios dentro de este sector en particular.

Los dueños o accionistas de estas empresas no han querido comprender que crear un sistema de gobernabilidad que les permita crecer su negocio y garantizar la permanencia de la empresa por muchos años depende en gran medida a renunciar a cotos de poder y egos personales; así como, abandonar la zona de comodidad que se ha construido alrededor del líder al obtener el mismo “éxito” por hacer lo mismo durante años.

Gobernar implica desilusionar a unos cuantos en aras de buscar el beneficio de todos los integrantes de la empresa tanto internos como externos. Generalmente esos cuantos son los grupos de personas más cercanos (familia, socios y colaboradores de confianza) que obstaculizan el proceso de implementación del Gobierno Corporativo.

Si bien, es cierto que el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) a través del Código de Principios y Mejores Prácticas de Gobierno Corporativo y el Código de Integridad y Ética Empresarial contribuye enormemente a la profesionalización de las empresas instaladas en México. En mi opinión dichos Códigos aun no contemplan en su estructura el sentir y actuar cotidiano de los integrantes de las empresas medianas y pequeñas que forma parte del 97% del total del padrón.

De ninguna manera soslayo el esfuerzo de esta cúpula empresarial, todo lo contrario, mi intención es aportar y contribuir con mi experiencia personal y profesional sobre el tema particular que abordo.

He analizado y documentado la conducta de los tomadores de decisiones; así como también, la realidad distante a la hora de hacer negocios entre empresas grandes y Pymes.

Un tema que no se debe dejar de observar es la enorme diferencia en la infraestructura profesional con la que cuentan las grandes empresas al implementar gobiernos corporativos.

Como ejemplo de lo anterior me permito citar la confusión que existe dentro de las pequeñas y medianas empresas entre Implementar un Sistema de Gobierno Empresarial (Conductas) y un Sistema de Gestión de Calidad (Procesos). Mientras que en las grandes empresas uno complementa al otro.

Preocupa como empresario y profesional de la materia, la profunda división que se genera al compartir el conocimiento de los Códigos implementados y sugeridos por el CCE.

Para acceder a una capacitación sobre los Códigos en cuestión, los costos oscilan entre los $60,000. – y los $80,000. – por persona, dependiendo de la institución académica y la firma de consultoría con la que hacen alianza. Casi siempre enfocados a los integrantes del 3% de las empresas que conforman el padrón empresarial.

Otro caso que me parece preocupante, es el hecho de que los profesionales que se encargan de asesorar e implementar la Gobernabilidad en las Empresas, no viven y mucho menos interiorizan su Gobierno Corporativo. En algunos casos (la mayoría) sus firmas de consultoría no cuentan con estas estructuras.

En estos casos, los empresarios correrán el riesgo de ser engañados o defraudados por asesores que no estén a la altura del reto, tal y como está sucediendo actualmente con el tema de Lavado de Dinero. Con la diferencia que una mala asesoría en la implementación del Gobierno Corporativo, puede significar el fin del negocio o peor aún; la continuidad de la empresa.

Por todo lo anterior, me atrevo a sugerir que quien decide el destino de una nación, empresa, familia, o cualquier otra organización debe aprender a desilusionar a toda aquella persona que está lejos de su visión y muy cerca de sus emociones.

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