Mario Rizo Rivas
Contador Público Certificado y Maestro en Impuestos. Socio Director de Salles, Sainz–Grant Thornton, S.C., oficina de Guadalajara y Presidente del Colegio de Contadores Públicos de Guadalajara, A.C.
Twitter: @mariorizofiscal

En ocasiones, las familias se desintegran y el patrimonio se destruye por la ambición y por el egoísmo personal de algunos integrantes de la familia. También por la ignorancia por no conocer sobre la empresa, el patrimonio o incluso sobre la familia.

Cuando poseemos una empresa familiar, debemos estar conscientes del valor de lo que tenemos en nuestras manos. La empresa familiar puede ser como una gallina “única y de cuento de hadas” que, si sabemos cuidar, nos dará huevos de oro durante varias generaciones; pero que, si no, terminaremos sacrificando o en el mejor de los casos, vendiendo al mejor postor.

Día con día, con la globalización y la competencia a cuestas, las empresas familiares en México tienen que sobrevivir. Sin embargo, el mayor problema se vive al interior de los negocios: existen deficiencias tanto en la profesionalización de los miembros como en la formalidad de los procesos. 

“La empresa de familia debe enfrentar siempre, a lo largo de su crecimiento, distintos tipos de problemas, poniendo estos en orden, los tres más difíciles de superar son: la sucesión, la sucesión y la sucesión”.

– Santiago Antognolli

Con el paso del tiempo, el problema se va agravando. Así, se llega a la estadística fatal en la que 9 de cada 10 empresas se disuelven en la tercera generación.

La explicación principal de las fallas se explica en dos palabras: carga emotiva. Al integrarse con familiares, las empresas afectan elementos fundamentales para su funcionamiento, como el traspaso de poderes y sobre todo, la toma de decisiones y organización entre los miembros, por ejemplo, asignarle a un familiar un puesto directivo sin tener la capacidad de desempeñarlo, utilizar los activos de la empresa para uso familiar o la famosa confusión de roles que por ser dueños llegan dando órdenes al personal sin tener ningún puesto en la compañía ¿te pareció conocido?

¡Manos a la obra!

Ahora que entendemos mejor de dónde provienen los conflictos, revisemos las ideas prácticas para evitarlos o en su momento, solucionarlos:

  • Clarifica las reglas de juego en temas potencialmente conflictivos. Siempre que existan relaciones entre personas, familiares o no, habrá problemas. Lo mejor es contar con un protocolo básico para saber cómo actuar.
  • Diseña una empresa institucional, también conocida como profesional. Deben establecerse las responsabilidades específicas para cada cargo y asignarlo a partir de las trayectorias y capacidades; en caso necesario, es válida y muy necesaria en ocasiones la contratación de personal externo, ajeno a la familia.
  • Crea un Consejo de Administración para garantizar la profesionalización de la empresa y un desempeño basado en estándares de la industria y conforme a las mejores prácticas y principios de gobierno corporativo. Es sano incluir la participación de consejeros independientes, que equilibren el factor emocional y aporten valor a la empresa para continuar como negocio en marcha con crecimiento y rentabilidad de generación en generación.
  • Implementa un Consejo de Familia. Éste puede ser el órgano máximo para resolver las problemáticas o conflictos que sean de índole interno entre familiares. Lo más conveniente es que uno de los miembros se profesionalice como “mediador”, y que a él se recurra en caso de presentarse un desacuerdo o se integre un consejero no familiar, que ayude en estos temas.

Otro consejo que puede ayudarnos a prevenir y resolver conflictos es definir la visión del negocio. Se trata de aterrizar, después de un análisis profundo, lo que se quiere compartir como empresa, y que le sea común a todos los miembros. Compartir una visión en común adquiere significado cuando nos damos cuenta de la importancia de identificar con otros el destino al que nos dirigimos.

Además, lo más conveniente es cultivar el espíritu de la negociación y la conciliación, abonar continuamente a que los integrantes se relacionen asertivamente, en un ambiente de respeto, cooperación y perdón. El perdonar no es lo mismo que justificar, olvidar o excusarse de algo. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse. La reconciliación exige que dos personas se respeten mutuamente. Y es la respuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella.

Es sano fomentar la implementación de actividades y proyectos específicos para los miembros. Recuerda que mantener la mente y energía enfocada en el presente, evita embarcarnos en conflictos. Simplemente, ni siquiera habrá espacio qué ocupar con problemas. Es importante señalar cada empresa y familia son un ente único e irrepetible, y que no se puede generalizar.

Si los miembros de la familia se van alejando entre ellos, si son orgullosos, arrogantes y desean “ganar a toda costa”, si no tienen incentivo o iniciativa para participar en el negocio—por ejemplo, en sus decisiones estratégicas en el consejo de administración y/u en la operación como directivos, sólo
se interesan en la repartición de utilidades irracional como accionistas; en “ordeñar la empresa familiar.” ¡Vende mientras puedas!… Antes de que acaben con la gallina de los huevos de oro y se convierta en la pesadilla y perdida de la armonía de la familia.

Ahora ya lo sabes, el factor emocional también puede jugar a favor de tu empresa. Fortalece los lazos, implementa un ambiente profesional en los negocios y dale la bienvenida al crecimiento con rentabilidad en cada generación en la empresa, a incrementar el patrimonio familiar y conservar la armonía familiar. De lo contrario es mejor que vendas la gallina cuando todavía esta produciendo huevos de oro.

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