Javier Alejandro Rodríguez Pérez Abogado por la Universidad de Guadalajara, Maestro en derecho Financiero y Corporativo por la Universidad de Guadalajara, colaboró en la Notaria Pública número 26 de Zapopan, Jalisco, y actualmente es el titular del área legal de «Cuanticus, S.A. de C.V.»

La pandemia ha traído sin duda alguna diversos problemas de salud, económicos y sociales en nuestro país y en todo el mundo, sin embargo también nos ha impulsado como cualquier crisis a sacar lo mejor de nosotros y a buscar las mejores alternativas para resolver la diversidad de problemas que se nos presentan en la actualidad, esta crisis nos ha dejado claro que la colectividad siempre será más importante que lo individual, en ese sentido parece ser que no siempre la solución está en el modelo egoísta e individualista del ser humano de ver solo por sus intereses, buscando el lucro desmedido a costa del perjuicio de los demás, esta crisis nos ha vuelto a recordar lo importante del trabajo en equipo, coordinado, en donde la participación colectiva es fundamental para lograr resultados más efectivos y que verdaderamente repercutan e impacten en la sociedad en general.

En ese sentido, los operadores del derecho estamos obligados a proporcionar a la sociedad y a los clientes, herramientas efectivas que permitan desarrollarse de la mejor manera, el conocer el derecho abre el abanico de opciones que cualquier persona pueda tener para el desarrollo de un proyecto social y productivo, con seguridad jurídica y sobre todo bajo el esquema que le sea más conveniente.

Una parte fundamental para la creación de proyectos, nace a partir del modelo societario que los socios puedan elegir en función de su modelo de negocio, para ello es fundamental conocer sobre las ventajas y desventajas de los diversos tipos societarios, partiendo desde su constitución, su estructura, su organización, su forma de administrarse, su vigilancia, la forma de gestión, las responsabilidad de sus socios y en general los esquemas de negocio hacia los que es más conveniente orientar cada uno de ellas.

El tema central en esta ocasión, se relacionado con la sociedades cooperativas, que tienen bondades bastante considerables y que son poco exploradas y utilizadas en nuestro país, a pesar de los beneficios tanto económicos, legales y fiscales que se pueden aprovechar por parte de sus socios al amparo de esta figura societaria y el impulso a la economía nacional que se puede dar a través del cooperativismo.

Este tipo de sociedades tienen como principios básicos y elementales, el constituirse con base en intereses comunes de los socios, principios de solidaridad, esfuerzo propio y ayuda mutua, con propósitos muy claros de conformidad a la ley, que son los de satisfacer necesidades individuales y colectivas, a través de la realización de actividades económicas de producción distribución y consumo de bienes y servicios, teniendo como función económica primordial el eliminar la participación y utilidad que se lleva el intermediario.

Se puede observar, que a pesar de que esta tipo societario se encuentra reconocido como de carácter mercantil, la verdadera esencia y sus principios se pueden asimilar a una sociedad de carácter social, pues la finalidad de lucro desmedido parece no ser actor principal en este caso, luego entonces y de conformidad con la ley este tipo de sociedades las puede haber de 3 tipos:

I.- De consumidores de bienes y/o servicios,

II.- De productores de bienes y/o servicios, y

III.- De ahorro y préstamo.

En el primero de los casos, podemos hablar y reconocer como aquéllas cooperativas en las que sus  miembros se asocien con el objeto de obtener en común artículos, bienes y/o servicios para ellos, sus hogares o sus actividades de producción, básicamente este tipo de cooperativas busca eliminar intermediarios y ser los distribuidores directos de esos bienes y/o servicios que los socios requieren, logrando con ellos establecer un acceso más efectivo a esos bienes y/o servicios y a precios que permitan a los socios su adquisición en condiciones mucho más favorables que les traerán beneficios directos (recordemos la cooperativa de la escuelita), este tipo de sociedades además tienen beneficios fiscales, pues de entrada no tributan como cualquier persona moral, de acuerdo con el artículo 79  fracción VII de la LISR  estas sociedades tributan en el título III, del régimen de personas morales con fines no lucrativos, lo cual evidentemente representa un ventaja enorme para quienes pretenden asociarse y en el que su modelo de negocio, sean los socios precisamente los que desarrollan y llevan a cabo la operación y gestión del negocio, podrían optar por este modelo societario.

Por otro lado, las cooperativas de producción de bienes y/o servicios, son aquéllas cuyos miembros se asocien para trabajar en común en la producción de bienes y/o servicios, aportando su trabajo personal, físico o intelectual. Independientemente del tipo de producción a la que estén dedicadas, estas sociedades podrán almacenar, conservar, transportar y comercializar sus productos, actuando en los términos de la Ley General de Sociedades Cooperativas. Este tipo de sociedades como se puede observar, permiten a los socios asociarse bajo un esquema en donde son ellos mismos quienes aportan su trabajo personal, para la producción de los bienes o los servicios que se van a realizar,  debiendo repartirse los rendimientos anuales que se generen por parte de estas sociedades, de conformidad con el trabajo aportado por cada uno de los socios durante el año que corresponda, mismo que puede evaluarse tomando en consideración la calidad, el tiempo dedicado, el nivel técnico y escolar de cada uno de ellos, lo que vuelve una repartición justa de acuerdo al nivel de trabajo que cada uno de los socios aporten.

Como características  importantes de estas sociedades es que son verdaderas sociedades democráticas, en donde todos los socios participan de manera democrática en la toma de decisiones en el seno de la asamblea, ya que cada socio tiene un voto independientemente del valor de su aportación a la sociedad, lo que genera que sus integrantes mantengan firme y uniforme ese affectio-societatis, ese ánimo de asociarse, con que nacen y se crean todas las sociedades en general y que muchas veces se pierde en el transcurso del tiempo, sobre todo en las sociedades de capital. Tema importante es que, este tipo de sociedades solo pueden ser constituidas por personas físicas y con un mínimo de 5 socios.

Otro característica fundamental de esta sociedad es que, más allá que buscar el lucro y la generación de utilidades, busca el bienestar colectivo de sus socios, lo que repercute de manera directa en el nivel de vida de sus integrantes., la crisis económica actual en nuestro país pudiera ser un catalizador que oriente y promueva a las personas a utilizar este modelo societario a fin de aprovechar sus bondades.

En países de primer mundo, el cooperativismo juega un papel importante y fundamental en el desarrollo económico, la falta de conocimiento sobre este modelo societario en nuestro país, la satanización por parte de algunos sectores sobre su uso indebido y la falsa creencia de que solo es para sectores específicos o de clase baja, han repercutido en su poca utilización, sin embargo hay que recordar que la propia ley en su artículo 8 establece que las sociedades cooperativas se podrán dedicar libremente a cualesquiera actividades económicas lícitas,  lo que claramente nos abre la posibilidad de considerar la utilización de este esquema para cualquier actividad económica que sea licita, pero siempre cuidando hacerlo bajo los principios que se han expuesto para este tipo social.

No se podría entender la económica Canadiense sin la importancia del cooperativismo, el soporte que tiene este esquema en la economía de ese país y en otros de primer mundo, se extiende a una gran cantidad de sectores de su económica como el financiero, agroalimentario, comercial, escolar e industrial.

Se podrían citar infinidad de negocios que se podrían hacer o realizar al amparo de la figura de la sociedad cooperativa, aprovechando las diversas opciones y bondades que ya se han analizado respecto de este tipo de sociedades y su aportación para quienes las constituyen, pero estos beneficios no se pueden obtener si no se tiene una cooperativa bien constituida, bien estructurada, bien organizada y con modelos de administración y vigilancia adecuados, es decir un traje a la medida.

Finalmente, resulta interesante que en nuestro país las personas exploren la posibilidad de asociarse bajo estos esquemas y principios, apoyados en políticas públicas que fomenten y apoyen el cooperativismo en México, que sin duda daría un impulso positivo y necesario en nuestros días a la economía y podría ser una palanca para impulsar el desarrollo de sectores de la economía y sociales que se han visto perjudicados por esta pandemia;  si bien es cierto, no todos los modelos de negocio encuadran o son aptos para desarrollarse bajo esta figura,  para ello siempre será necesario apoyarse en un experto en la materia, como son los abogados corporativos o los fedatarios públicos que son quienes pueden brindar la mejor asesoría y llevar de la mano a los empresarios, para que estos puedan tomar la decisión que les sea más conveniente y que les otorgue la mayor certeza jurídica, los menores gastos y los mayores beneficios.

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