La invención de la imprenta en el siglo XV fue el puntapié inicial del comercio de libros, que dio origen al derecho de autor como un medio para reglamentar el «derecho de copia» de las obras literarias en el common law, y para garantizar a los autores una compensación por su trabajo. La industria prosperó durante cerca de 500 años, a pesar de las frecuentes tensiones entre las editoriales y los autores. Sin embargo, la consolidación de las principales editoriales a fines del siglo XX, combinada con la nueva tecnología digital, produjo un cambio notable.

La comunicación entre los autores y sus lectores prácticamente no existía y, si existía, sus condiciones estaban impuestas por las editoriales. Todo ello cambió con la revolución digital, que sigue transformando las relaciones comerciales tradicionales, fomentando nuevas oportunidades para la creatividad e insuflando nueva vida en la economía creativa.

Es posible que la industria de la música haya sido la primera en sentir el pleno impacto de los efectos de la transformación digital, por la que el eje del poder pasó de las manos de los sellos discográficos a las de los artistas y las interpretaciones o ejecuciones en vivo, por una parte, y los distribuidores de contenido electrónico, por la otra.

Para competir con eficacia en la economía digital, las empresas necesitan elaborar un plan de trabajo que gire en torno a la utilización estratégica de la propiedad intelectual y les permita reaccionar con rapidez. Las experiencias adquiridas en los últimos años destacan la importancia del poder que ejercen los consumidores y demuestran que, por lo general, si el contenido digital es de fácil acceso y tiene un precio razonable, los consumidores están dispuestos a pagar por él. En el mundo de los libros, el gran narrador «Stephen King» fue el primero que se atrevió a la novedad, en 2000, con la publicación en «Simon & Schuster» de su novela «Montado en la bala», valiéndose de la tecnología SoftLock; fue el primer libro electrónico de consumo masivo de todos los tiempos.
La famosa autora británica J. K. Rowling, creadora de Harry Potter, una de las escritoras más exitosas de todos los tiempos, logró dar un paso más e inauguró su propia tienda de comercio por internet. En abril de 2012, la Sra. Rowling inauguró al público su nuevo sitio web Pottermore introduciendo un nuevo modelo para la publicación y distribución independiente de contenido relacionado con Harry Potter.En el sitio web se ofrece a los fanáticos lectores “algo más sobre Harry Potter”, con el anhelo de inspirar una nueva generación de lectores digitales. Se prevé que el nuevo sitio web fomentará aún más el valor de la marca Harry Potter, estimada actualmente en unos 15.000 millones de dólares de los EE.UU. Esos casos demuestran el nuevo papel de los creadores en la economía creativa que se nutre del entorno digital y destacan las amplias oportunidades que se presentan tanto a los creadores como a los demás protagonistas de ese sector de la industria. Los nuevos modelos empresariales, sin duda alguna, seguirán evolucionando e inspirando a otras personas para redefinir las relaciones y prácticas comerciales ya establecidas. Sin embargo, si no se percibe claramente el valor económico que pueden tener las obras de la creatividad y no se cuenta con una estrategia eficaz de protección y gestión de los derechos de P.I. que surgen de ellas, es poco probable que lleguen a buen puerto muchas de las empresas impulsadas por los propios creadores.
Fuente: Organización Mundial de la Propiedad Intelectual
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